Parece muy (pero muy) obvio. Cuando necesitamos ayuda, deberíamos decir esto Y SOLO ESTO:

 “¿Me podés ayudar?”

Y nada más. Eso es lo que no es tan obvio.

O, por lo menos, no tan sencillo.

Ya no somos niños. Somos adultos. Somos inteligentes, experimentados y perspicaces. Hemos logrado cosas. Nos hemos ganado nuestro lugar.

Y es por eso que cuando pedimos ayuda tendemos a agregar cosas para intentar mejorar nuestra imagen y preservar nuestro ego.
Por ejemplo: si necesito ayuda con una presentación, acudo a alguien y le digo “Voy a dar una TED Talk la semana que viene, y mis slides necesitarían algunos detalles de formato”. ¿Qué estoy intentando transmitir? “Ok, puede que necesite un *poco* de ayuda en algo TAN trivial como un layout de Power Point, pero no te olvides: YO estoy dando una charla reconocida. YO tengo cosas importantes que decir. YO soy el pez grande”. 

Más aún: “ni siquiera pedí la ayuda, sugerí una necesidad. El otro se ofreció y fue más práctico así (¡Y qué práctico y eficiente que soy!)… yo podría habérmelas arreglado solo.”

La buena noticia (para nosotros, no para nuestro ego) es que a la gente le encanta que le pidamos ayuda.

Siempre que no se trate de una orden encubierta y que sea un pedido realista, pedir ayuda no es una carga para el otro. 

Por un lado, porque habilitamos a que él a su vez nos pida ayuda cuando lo necesite: porque le mostramos que no hay por qué ser omnipotentes, que está todo bien con necesitar una mano de vez en cuanto. Y más importante aún: porque el otro obtiene satisfacción y sano orgullo de ser útil; de recibir el respeto y la confianza que todos precisamos pero que raramente se nos demuestra.
Entonces ¿cómo pedimos ayuda en forma saludable?

  1. Pedirlo con humildad – no importa el tipo de ayuda que necesitemos o quién es que nos puede dar esa mano: eliminamos todo rastro de mandoneo, de superioridad, de autoridad. El otro responderá con un simple “Claro”, “Voy a intentar” o “¿Qué necesitás?”. Difícilmente alguien nos diga que no, aunque no nos conozca. ¿Por qué? Simple: un “me podés ayudar” se conecta poderosamente con nuestro deseo instintivo de ayudar a otros. Todos, en el fondo, queremos aportar valor y ser útiles.
  2. Asegurarnos de no “adornar” el pedido – No buscamos mostrar que somos superiores al otro. No pedimos una ayuda específica, y en vez de enfocamos en lo que necesitamos, sino en lo que no somos capaces de lograr: después de todo, si no podemos hacerlo, quizás es porque no sepamos cuál es la mejor forma. Por ejemplo es decir: “Soy malísimo con el Power Point y estas diapositivas están horribles” o“Como sea tengo que mandar este pedido para el martes, y no tengo idea de cómo hacer”.

Cuando pedimos ayuda así, se movilizan muchas cosas poderosas en la persona a la que le estamos pidiendo ayuda.

  1. Demostramos respeto: estamos diciendo “Sabés más que yo”, “Sos capaz de algo que yo no puedo hacer”, “Tenés una experiencia (o talento, o algo) que yo no tengo”.
  2. Demostramos confianza: estamos estableciendo una relación suficientemente cercana que nos habilita a mostrarnos vulnerables, a admitir nuestras debilidades.
  3. Demostramos disposición a escuchar: no intentamos imponer al otro exactamente la forma de ayudar. Le damos la libertad de decidir. Estamos diciendo “No me digas lo que pensás que quiero escuchar. Por favor decime lo que pensás que debo hacer”

Al mostrar respecto y confianza en el otro, y darle libertad para demostrar su experiencia y conocimiento, no recibimos la ayuda que creemos que queremos: probablemente recibamos la ayuda que de verdad necesitamos.

Después, solo nos queda una última cosa para decir, aún más poderosa.

“Gracias”

Y así todos ganamos, que es como debiera ser siempre.

ADAPTADO DE: http://www.linkedin.com/today/post/article/20140708125337-20017018-four-words-you-hate-to-say-but-people-love-to-hear por Jeff Haden

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