Envidia o admiración, dos posibles reacciones ante eso que es mejor que nosotros.

Más allá de las valoraciones morales que cada uno quiera hacer, la envidia es un desperdicio de energía. Más aún: una forma bastante triste y poco inteligente de mostrarnos ante los otros. 

Porque el “envidiado” ni siquiera registró esa “competencia privada” que tiene ganada desde el vamos, y seguramente le va a importar bien poco nuestra opinión. Y ante el resto, no hacemos más que dejar bien clarito que aparte de estar por debajo y de no tener la humildad del caso, tampoco estamos en camino de mejora.

Admirar es más fácil cuando se trata de algo que jamás pretendimos ser. La envidia necesita punto de contacto. Por eso aplaudimos sin problema a la primera bailarina del ballet y criticamos sin clemencia los muffins de “la de Contaduría”, que le encantan a todo el piso.

30_de la envidia a la admiración

Quizás las cintitas rojas protejan de la envidia ajena, pero ¿cómo combatimos la propia?

Entendemos que la admiración nos conviene más

Quizás hoy no somos todo lo que queremos. Criticar no nos va a hacer avanzar, mientras que admirar nos puede enseñar mucho… y quizás mañana nos pongo del otro lado de la ecuación.

Suspendemos el juicio

No podemos aprender de algo si lo estamos combatiendo. Así que… a admitirlo: Sí, es más linda. Es más divertido. Es más inteligente. Juega mejor. Tiene una mejor casa. Sin peros, sin porqués. Ya está. La vida continúa.

Analizamos

¿Cómo hizo para llegar a eso?, ¿Qué decisiones tomó?,¿Qué tuvo que sacrificar?, ¿Qué “contras” vienen con ese “pro”?… ¿Y qué condiciones debería generar yo para lograr eso mismo? Si no estamos dispuestos al camino -sea por valores o por el esfuerzo que implica- podemos “apagar” la envidia y volver a casa. Pero si estamos dispuestos… transformemos la envidia en inspiración, y comencemos ya mismo.

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