¡Qué bueno cuando ese empleado introvertido (al fin) se abre con nosotros!

Nos cuenta un sueño, algo de su vida personal, incluso alguna flaqueza.

Es señal de que está todo bien ¿no?

También puede ser la alarma de la cosa está a punto de empeorar

Vemos que uno del equipo no está bien y decidimos averiguar que le está pasando. Y nos mandamos, con la mejor de las intenciones, la escucha empática, la integralidad de la persona y todo ese “librito”. Y ¡voilá! El otro termina contándonos eso que lo atormentaba, que, encima de todo, no era para tanto.

Seguro mañana va a sentirse aliviado de haberlo compartido. Ahora seguro estamos más cerca, ¿no?

No necesariamente. Para algunos, la distancia entre abrirse y exponerse es más corta de lo que creemos. Que se abra en un momento de particular necesidad, de impulso -o peor, por un poco de presión de nuestra parte- no quiere decir que después vaya a sentirse cómodo de haberlo hecho.

Podemos cambiar de gimnasio si nos sentimos muy torpes, o de peluquería si no queremos seguir contando de nuestra vida privada.. pero cuando quedamos vulnerables en un lugar que no podemos abandonar, la comunicación puede cortarse del todo.

32_limitar la vulnerabilidad

Antes de “invocar” una debilidad, seamos asertivos. ¿Vamos a ser capaces de acompañar al otro, sea lo que sea que aflore? Si no estamos listos a hacernos cargo de la esfera íntima, mejor dejemos la caparazón como viene, que por algo está.

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