O mejor dicho: debe serlo, si pretendemos destacarnos en el alud informativo que corre en la organización y movilizar a nuestros colaboradores.

Cada año, todos los años, llega esa misma época en que tenemos que comunicarese mismo tema. Dependerá de cada organización si se trata de beneficios, de rumbo estratégico, de seguridad laboral… pero todos tenemos alguna temática redundante que nos persigue como alma en pena. Escribimos los mensajes casi que por inercia, y así como los mandamos -copy+paste del año anterior- llegan como ruido de fondo a los colaboradores.
Si es que acaso llegan, y no terminan sin abrir en la papelera física o digital.

Si la historia nos suena conocida, quizás sea hora de inyectar un poco de creatividad a nuestras comunicaciones.

¿De qué hablamos cuando hablamos de creatividad?

No es generar ideas locas, no (necesariamente) es hacer BTL o utilizar grandes presupuestos. La creatividad en comunicación orientada a la estrategia es buscar nuevos caminos para llegar a los resultados que queremos. Puede aplicarse al diseño y la redacción de mensajes, pero también al uso de canales y espacios, a la elección de momentos e interlocutores o al foco que elegimos para abordar un proyecto. Un proyecto puede ser sobrio, minimalista o formal, y aun así ser creativo. El denominador común es explorar nuevas posibilidades y pensar fuera de la caja.

Creativo ¿se nace?

La creatividad es una competencia, y como tal, podemos desarrollarla. No es necesario especializarse: así como no hay que ser Shakespeare para redactar una buena nota, tampoco sentirnos defraudados si no hacemos una pieza para ganar el Desachate. Pero sí podemos obtener herramientas y métodos para abordar los temas más corrientes con enfoques novedosos. 

Nota editorial para el newletter mensual de audeci.org

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