Miles de historias nos animan a ser perseverantes: Desde Tesla y sus mil pruebas para la bombita eléctrica, hasta las super estrellas del deporte o de la música que fueron tachadas de inútiles por entrenadores y disqueras que hoy se quieren cortar las venas.

Pero también hay mil historias de personas que fracasaron… y siguieron fracasando no más, o forzaron cosas que no debían ser. Así también se arruinan familias, empresas, buenas ideas… o por lo menos la posibilidad propia de ser feliz en otra cosa, en la que sí se hubiera tenido éxito.

La cosa es dónde ponemos el punto final.

Los que renuncian ponen el punto final por sí mismos, quizás justo un minuto antes de lograr la meta.

Los que no renuncian llegan a la meta… o el punto final lo encuentran en el fondo, cuando finalmente lo tocan.

Entonces ¿dónde trazamos la delgada línea entre una cosa y la otra?

  • Si realmente queremos lo mejor, tenemos un propósito, una meta clara, estamos perseverando. Si nos importa más tener razón, aún cuando pongamos en riesgo el logro final, con tal de no dar el brazo a torcer, estamos cayendo en la terquedad.
  • Si seguimos adelante porque tenemos información y conocimientos que fundamentan nuestra sus aspiraciones, vamos bien; pero si todo nuestro sustento es una intuición, un impulso, o preconceptos… lucecita roja de alarma.
  • Nos mantenemos en el lado de la perseverancia mientras escuchemos todas las opiniones, atendamos todos los indicios, y las sopesemos; cuando prestamos atención selectiva a la realidad y descartamos todo lo que no apoya nuestras ideas… vamos por mal camino.
  • Si estas “señales” no son alentadoras, como perseverantes mantenemos nuestra visión, pero ajustamos las estrategias para alcanzarla. Si insistimos en continuar repitiendo una y otra vez los patrones que provocan el error, aceptémoslo: estamos tercos.
  • Como perseverantes haremos todo lo posible por nuestro objetivo… pero nos detenemos antes de contradecir nuestros valores y principios, o dañar a otros. Cuando nos ponemos tercos nada nos importa, desde nuestra dignidad hasta el bienestar de los demás.
  • Para perseverar es importante comprender por qué algunas cosas no salen como quisiéramos, aprender de ello y corregir. Seguir machacando en la misma forma solo nos llevará a mismos resultados.
  • Si tenemos la vista en la meta, vamos a encontrar tres tipos de personas: aliados en quienes apoyarnos, ejemplos que nos inspiran y gente-obstáculo de la cual sacar aprendizajes. Si somos tercos no reconocemos que el problema pueda estar en nosotros, por lo que todo el que no se alinee a nuestra visión será un necio o ignorante, el culpable de que no tengamos éxito; y tomaremos todas sus opiniones como ataques personales.

Antes de renunciar blandamente o de perseverar hacia el bochorno, el primer chequeo siempre empieza por nosotros.

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