Elegimos a los empleados que se parecen a nosotros y que “encajan” con el equipo, y los entrenamos para que hagan las cosas como nosotros las haríamos. Le llamamos cultura.

Y cuando buscamos alguien que complemente, que refresque, en realidad es un “diferente” que validamos, que legitimamos, que juzgamos positivo… desde nuestra propia forma de ver el mundo.

Esta “endogamia” organizacional es tan natural, como natural puede ser el fracaso. La mejora siempre implica un esfuerzo.

Armamos un proyecto y queremos feedback para mejorarlo antes de la presentación. ¿A quién se lo pedimos?

Probablemente al colega, al amigo con el que me llevo mejor. Léase: con el que me entiendo. Léase: con el que tenemos entendidos en común.

O quizás se lo pida a mi líder, a esa persona que admiro. Léase: la admiro porque tiene mis mismos valores y logró lo que yo quiero lograr. Léase: porque es una versión mejorada de mí mismo.

Muy difícilmente se la pidamos a “ese pobre desubicado que siempre se sale con cosas raras”. Y es una pena, porque quizás ese pobre desubicado nos podría ser una enorme ayuda para pensar las cosas de otra manera. Para evaluar alternativas, para cuestionar prioridades, para detectar problemas que se encontrará otro -mi cliente, mi consumidor- cuando haga las cosas de un modo diferente al mío.

29_los opuestos enriquecen

Lo similar implica menos energía, suena a lo correcto… por estamos acostumbrados.

Cuando a una empresa le va bien, elegir un “similar” tiene su lógica: nos decimos “si funciona es porque estamos en lo correcto”. 

Decimos “nuestra cultura es nuestro ADN”. Y la metáfora está genial… si la vemos completa: en la propia naturaleza la evolución se logra -manteniéndonos en la misma especie- con la combinación entre genes distintos.

Pero en estos tiempos ya lo sabemos: mientras disfrutamos el éxito de hoy, tenemos que estar pensamos hacia dónde vamos a evolucionar para existir mañana. Y el cambio, por definición, es apostar a la diferencia.

Dejemos de percibir como peligrosas a las ideas que nos cuestionan, dejemos de desarrollar un “sistema inmunológico” contra esta variación genética: precisamente ahí puede estar la clave de nuestro futuro.

 

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