Estaba acompañando a aquel cliente en modelar los valores de su empresa -y créanme que eso ya era todo un avance: su pedido inicial había sido que “le dijera qué valores meter”.

Se sentían un tanto frustrados porquequerían que sus funcionarios innovaran, y a duras penas conseguían que toleraran los cambios”.

…Y ya en esas pocas palabras dichas al tuntún ¡teníamos tanto para empezar!

– De entrada – señalé – jamás van a innovar mientras los sigan llamando “funcionarios”.

Uno de los gerentes arqueó las cejas como esperando a que siguiera la frase. Otro puso cara de “lo tenía en la punta de la lengua” pero no tenía ni idea de a qué me refería. Creo que el tercero todavía estaba esperando la sinapsis. Mi contratante fue más directo:

– ¿Por cómo los llamo? ¿Y eso qué tiene que ver?

– Si mi razón de ser en la empresa es cumplir una función, y efectivamente la cumplo ¿para qué voy a pensar funciones diferentes?

– Y… mejores resultados…

– ¿Le estás diciendo que son colaboradores, que colaboran con los resultados?, ¿o que son funcionarios, que están para cumplir una función?  

– Bueno…

– Si mi razón de ser en la empresa es cumplir una función ¿qué pasa conmigo si innovo y esa función deja de insistir?

Meneó la cabeza, en una mezcla de un sí y un no poco convencidos

– … pero es por costumbre

– ¿Y las empresas que se basan en las costumbres son las que más innovan?

Primero puso los ojos en blanco (y por un instante sentí que ya había sido demasiado para un día) pero la sonrisa amarga fue de comprensión:

– Soy yo ¿no? Todos estos años les estuve advitiendo que no innovaran.

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