No encontrar trabajo es estresante, desesperante, frustrante… sin dudas. Pero si toda esa emoción tiñe nuestra forma de posicionarnos en el mercado laboral ¡menos chances todavía!

Últimamente he visto montones de mensajes lastimeros o pasivos agresivos, que seguro no hacen más que desestimar a un potencial empleador.

Los mensajes lastimosos:

Nos contratan porque nos necesitan, no porque nos tengan lástima. Ni las ONG inventan roles que no apuntan a una función, y a veces hasta requieren competencias más consolidadas que cualquier empresa.

¿Arrancaríamos una primera cita diciendo “estoy desesperado porque alguien me quiera, con tal que me ames me fumo cualquier cosa”?

Es lo mismo.

Quizás sí: entre dos candidatos igualmente buenos, se elija al que más lo necesita (a fin de cuentas es un factor de fidelización a favor del empleador)… pero primero hay que llegar a esa shortlist.

Armemos nuestra imagen sobre todo lo que tenemos para aportar, sobre ser la persona idónea, sobre qué suerte que tiene la empresa si logra captarnos.

Los mensajes pasivo – agresivos

Cada vez más se contrata por la actitud, y la capacitación técnica se resuelve luego.

Si en la entrevista de trabajo nos preguntan “ante un problema ¿ buscás soluciones o buscás culpables?” es obvio que  respuesta dar ¿no?. Entonces, ¿por qué en los hechos nos paramos desde la queja, señalando todo lo mal que hace el otro de no contratarnos?

¿Hay reclutadores descuidados, desconsiderados, poco humanos? Y, seguramente sí: buenos y malos profesionales hay para todo.
Pero es como ir diciendo que todos los hombres son unos HDP que más les vale madurar… y pretender que nos inviten a salir: el mensaje agresivo también le llega al buen reclutador, a ese  que deberíamos encantar, pero en cambio espantamos con la generalización injusta.

Puede haber mil razones por las que no nos hayan contratado. Hasta simplemente que si hay un solo cargo para dos personas igualmente brillantes, una va a quedar fuera. Arrancar atacando a los propios potenciales empleadores nos pone en bandos contrarios… y nadie contrata a un enemigo.

Podremos decir “ya fui por la positiva y no me funcionó”... y sí: quizás no se haya dado una vacante donde seamos los más adecuados, o haya más candidatos que ofertas.

Pero cuando finalmente surja la oportunidad, que nos encuentren con una imagen profesional segura, valiosa y constructiva.

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