“Prepararse para lo peor”, así era el lema de los estoicos. Y les habrá ayudado a perdurar, pero dudo que les haya hecho felices. Felices, dicen por ahí que solo son los tontos o los ignorantes; pero para mí prepararse para lo mejor no es de naïf: es la decisión consciente de fijar la vara más alto.

Tan obvio que ni habría que decirlo: claro que existe la mala voluntad, la deshonestidad, la desconsideración… toda una amplia gama de bajezas surtidas. Lo que no es tan obvio es que cuando lo damos por hecho lo convertimos en una profecía autocumplida.

Y es que algo malo hay en todo lo bueno y algo bueno hay en todo lo malo esto expresa el símbolo del ying y el yang. Si nos enfocamos en los defectos de una persona ¡claro que los vamos a encontrar! y vamos a actuar en consecuencia: siendo secos, o distantes, o condescendientes… ¿qué tipo de reacción podemos esperar en respuesta, si no una negativa? La imagen que nos formamos condiciona todo nuestro vínculo con esa persona, en un círculo vicioso virtuoso.

Es el primer mecanismo: encontramos lo que buscamos.

 

Presuponer lo mejor es subir los estándares, no bajarlos

Pero hay otro mecanismo, si se quiere más importante: porque ya no refiere a cómo vivenciamos lo que ya nos está pasando, sino que define qué nos pasará en nuestro futuro.

Si tengo asumido que el trabajo es un castigo, los jefes abusivos, las parejas infieles y los estudiantes vagos… no va a doler cuando me toque uno de esos casos: como buena estoica, ya estaré preparada. Pero tampoco voy a tener el impulso para salir a buscar lo que realmente merezco.

¿Para qué tomarme la molestia de capacitarme para un trabajo estimulante, de exigir respeto de mis superiores, de buscar personas con valores, de actualizar el curso… si en definitiva “la gente es mala y la vida es injusta”?

Si espero lo peor, me estoy conformando con eso.

Tengo que creer que existe una opción mejor, para saber a qué le digo qué sí y a qué le digo que no. Para fijar mis estándares, mis límites. Nuestra calidad de vida queda condicionada por si partimos de prejuicios negativos o positivos:

Solo habilitamos las oportunidades que creemos posibles.

Una elección consciente

Prefiero:

  • errar por haber confiado de más, que de menos;
  • perder tiempo y energía en gente que no lo merecía, que retaceárcelos a la que sí.
  • descubrir los fundamentos de un juicio negativo, que dejarme arrastrar por estereotipos.

No significa cerrar los ojos ante la evidencia, anular el pensamiento crítico o permitir el abuso: es el beneficio de la duda, no de la negación de la realidad.

Vivimos en el mundo que nos creamos. Antes que una suave decepción prestablecida, a total consciencia y sin nada de inocencia elijo pegarme duro, pero solo cuando lo amerite.

47-esperar-lo-bueno-expectativas-oportunidades 47-beneficio-de-la-duda-no-de-la-negacion

 

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