Si en tu encuesta resulta que solo el 20% de los empleados quiere saber sobre la estrategia de la empresa… acordate que el 80% de los niños SIEMPRE va a elegir las papas fritas a la espinaca.

No es una observación condescendiente, no es tratar al colaborador de infante que no sabe lo que es bueno para él. Pero sí que no siempre prioriza lo que es bueno para él… en pro de la empresa.

Es lo más habitual: aparte de la primera línea de mando, la visión global, corporativa y estratégica solo atrae a un pequeño grupo: o los que tienen proyección de desarrollarse a esa línea, o  los que están en la función core de la empresa y no en las áreas de mantenimiento. El futuro de la termodinámica puede ser apasionante para los ingenieros civiles, pero difícilmente lo sea para el técnico de RRHH que liquida los sueldos. 

Cuando consultamos qué temas interesan y qué información necesitan, la mayoría se enfoca en las dos cosas de impacto más directo: lo operativo para el trabajo y las políticas de gestión de personas.

Y está bien: el desarrollo organizacional no es su asunto: es el nuestro.

Y como asunto nuestro que es, necesitamos fomentar el involucramiento, el compromiso, la motivación y la visión. Necesitamos transmitir, sensibilizar y poner en diálogo temas que van más allá de lo inmediato.

No es falta de empatía, al contrario. Más que obvio que hay que conectar con los intereses del empleado, desde sus puntos de vista. El quid de la cuestión es hacer que él le encuentre el sentido a lo que nosotros precisamos transmitirle.  (Y si no podemos hallar ninguna punta por la cual debiera importarle… alarmémonos ¡porque hay un problema mucho más serio que que no lea las noticias!)

Se trata de que él desarrolle su paladar, y nosotros aprendamos a hacer de la espinaca un flamante soufflé
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