(CONFIANZA Y PROMESAS 1/3)

Por bien redactado que esté el discurso, por vistosa que sea la campaña o incluso por positivo que sea el mensaje… si no hay una base de confianza, lo que comuniquemos queda en MUTE. 

El quid de la cuestión es que, cual huevo y gallina, la confianza requiere una comunicación óptima, sostenida en el tiempo. 

Damos de baja un proyecto sin explicar por qué. Nos pasamos del plazo sin dar aviso. La embarramos a fondo… y culpamos a alguien más. Como si fuera la batería del móvil, la “barrita” de la confianza se carga y se descarga con cada promesa hecha. Y en general somos un desastre a la hora de prometer cosas.

Todo lo que se machaca con el trabajo en equipo, básico para cualquier logro, y todo lo poco que se habla de la confianza en las organizaciones. Nos olvidamos que es el cimiento de la colaboración, porque sin confianza es imposible:

  • delegar
  • tomar decisiones rápidas
  • descentralizar
  • abrirse al diálogo

El refranero popular nos recuerda que la confianza tarda eras en construirse y horas en destruirse“, pero parece que nos reseteamos en cuanto llegamos a la empresa: el tema ni se toca, como si la confianza se generara espontáneamente.

Más allá de cada caso particular, hay dos pilares que tenemos que tener en claro:

Lo más pequeño suma

Confiar implica depositar la fe en algo que no se puede probar… hasta que ya pasó. Por eso es que nos van midiendo en los pequeños detalles: los de bajo riesgo.

¿Llega siempre tarde? ¿Era mentira que tenía la sala reservada? ¿Inventa palabaras que no existen pero suenan muy top? Nada de esto son pecados capitales -y justamente por eso somos más indulgentes… pero son con los que el otro va tomando como señales, antes de arriesgarse con nada más.

No son unas, son varias

¿Le damos la clave de nuestro facebook al experto economista de la empresa? ¡Más vale que no!

Es que no hay una, sino tres confianzas: en cuanto a la intención, a la capacidad y  a la predictibilidad. Podemos estar haciendo un esfuerzo sobrehumano por demostrar que somos creíbles, sin ver que nos socavamos por otro lado completamente distinto.

Tener claro esto nos ayuda a arrancar con pie derecho y construir buenos vínculos de entrada. Pero aún si heredamos desconfianzas del pasado, fruto de prejuicios… o que nos tenemos bien merecida la descredibilidad… aún así ¡hay esperanza!

Se tarda en reconstituir, pero con una comunicación permanente, honesta y consistente, la confianza se regenera.

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